ORIGEN

Los orígenes de La Chimuchina se remontan a investigaciones realizadas en torno a las sonoridades prehispánicas, y a aquella continuidad expresada en pueblos y comunidades, en donde aún se siguen realizando – en contextos tradicionales- desplantes performáticos de origen y usanza precolombina.

A través del estudio directo de antiguos instrumentos arqueológicos, se comienza a indagar en los sonidos de éstos, evidenciando – así- una estética única de sonoridad. Los sonidos de una América, muy distinta a la que trajo consigo la colonia española.

En las tradiciones aún existentes, en cientos de festividades desarrolladas en diversos territorios de América, se fueron encontrando claves de la performática de estos antiguos sonidos. El sonido dentro del paisaje cultural, en fiestas devocionales, en los ritos del pueblo, en las prácticas de curación, y en muchos momentos de la vida social vernacular americana. La música – asimismo- vinculada al desplazamiento, al vestuario festivo, al paisaje y a múltiples estímulos sensoriales.

Estas características, vistas como grandes cualidades, brindaron la posibilidad de entender y pensar la música desde una óptica distinta. Muchas sesiones de improvisación libre, bajo las dinámicas estudiadas, fueron dando a luz a La Chimuchina.

En sus inicios, 1991, La Chimuchina conformada hasta hoy por José Pérez de Arce y Claudio Mercado, fundadores del grupo, contó con destacados músicos, entre ellos Víctor Rondón, Cuti Aste, Norman Vilches y Millapol Gajardo, después de una década de su fundación se fueron integrando nuevos músicos, quedando en la conformación actual, además de los fundadores, Francisca Gili, Christian Pino y Rodolfo Medina.

Una presentación de La Chimuchina se puede describir como un espacio sonoro en constante cambio, un viaje entre el inconsciente colectivo americano y la reinterpretación de sus sonoridades. Una mixtura de sonidos y proyecciones visuales en movimiento, basadas en la estética y ritualidad de los pueblos originarios.

Sonido en movimiento, ritmos monótonos y masas sonoras, texturas cambiantes, sonidos sutiles y potentes que transportan a estados alterados de conciencia, técnicas vocales étnicas y la ejecución de una vasta cantidad de instrumentos etnográficos y réplicas de artefactos sonoros arqueológicos dan vida a los conciertos de La Chimuchina.

CONCEPTO